Bentos y salud mental

Este es un post sobre mis bentos.

Y sobre salud mental.

En la noningentésima adaptación de Sherlock Holmes a la televisión (la serie “Elementary”), Sherlock es un ex-drogadicto, y el tema de la abstinencia es mencionado varias veces a lo largo de la serie. En concreto hay un diálogo bastante descorazonador sobre ello en la tercera temporada:

(la traducción del inglés está sacada de los subtítulos de Netflix)

Sherlock Holmes : Si se empeña, Watson, últimamente no estoy muy animado. Es por el proceso de mantener mi abstinencia. Es repetitivo. Y es implacable. Y más que nada, es aburrido. Cuando dejé la desintoxicación, yo… acepté su influencia. Me comprometí con mi recuperación. Y ahora, dos años después, me pregunto si esto es todo. Mi abstinencia es solo rutina. Es un grifo que gotea y que requiere un mantenimiento constante. A cambio solo ofrece no gotear.

Dr. Joan Watson : Tiene su trabajo. Me tiene a mi. Está vivo.

Sherlock Holmes : Me lo he repetido muchas veces. Tantas que ha acabado perdiendo todo su significado. Es extraño. Yo… antes pensaba que una recaída sería el clímax de un drama grandioso. Ahora pienso que voler a drogarme sería más bien un anticlímax. Sería rendirme al goteo incesante de la existencia.

De pequeña nunca entendí aquello de que cuanto más tiempo llevas sin fumar, más fácil es que vuelvas a hacerlo.
Pero de eso se trata, de que al pasar el tiempo no se vuelve más fácil no volver a encender un cigarrillo, porque hay cosas que no se vuelven más ligeras con el tiempo. Hay cosas contra las que hay que luchar cada día, cada hora que se pasa despierta, y cuanto más tiempo pasas luchando, más cansada estás, y más te cuesta.

Pasa lo mismo con la depresión.

La única cosa que saqué en claro tras diez meses yendo a una psicóloga que dijo un total de tres frases durante todo ese tiempo, es que nunca iba a dejar de sentirme mal: la depresión no es algo que se tenga o no, no puedes librarte de ella mágicamente, no hay nada que puedan decirme o hacerme que cambie eso. Si quiero encontrarme mejor, el trabajo tengo que hacerlo yo. Y es una tarea sin fin.

Es repetitiva. E implacable. Y más que nada, es aburrida.

Es. Muy. Aburrida.

Hay que esforzarse por funcionar como una persona normal. Y hay que esforzarse por mantener una estructura, una rutina, que ayude lo más posible a evitar recaídas. Y si hay una recaída hay que levantarse y seguir trabajando en ello. Porque esto es lo que hay, y ya que tienes que vivir así, al menos habrá que intentar que la cosa sea llevadera.
Hay días que es más fácil, y otros en los que lo único que quieres es aullar de dolor encerrarte en tu cuarto a llorar.

Una de las cosas más difíciles que veo en esto de “ser una persona funcional” es encontrar lo que le funcione a cada una. A veces funciona el deporte, a veces el trabajo, a veces algún hobby. Tener una red de apoyo es importantísimo pero no recomendaría dejar depender tu estado emocional de algo que no seas tú misma. Y siempre está el problema de que debes tener tiempo para eso que te ayuda a sobrellevar el tedio, porque pasar doce horas al día en un curro que te amarga la vida no cuenta como “mantenerse ocupada”, y más que evitar pensar lo que hace es que quieras morirte con más fuerza.

Yo soy un desastre y en mi vida la única estructura que hay es la de sentirse como una patata podrida. No soy capaz de mantener una rutina de ejercicios porque la semana que tengo tiempo estoy sangrando como un cerdo por la regla, la que ya he pasado la regla llego tardísimo a casa del trabajo y no me da tiempo a nada, y la que no tengo que hacer cualquier otra cosa. Normalmente consigo encadenar unos 15 días de ejercicio con un mes o mes y medio de no poder hacerlo, y vuelta a empezar el ciclo. Escribir me gusta, pero he dejado de hacerlo porque soy malísima, nada de lo que escriba va a interesar a nadie, y ya vivo con mis pensamientos todo el día, no necesito ponerlos por escrito para mi. Algún hobby me hace sentir mejor, pero volvemos al tema del tiempo. Y soy biológicamente incapaz de mantener amistades a largo plazo, así que nos vamos olvidando de la red de apoyo.
Es desesperante porque sentirte fatal sin ningún motivo aparente durante cada segundo que pasas despierta, y sin poder hacer nada para aplacarlo, desgasta mucho.

Algo que tengo que hacer sí o sí es cocinar. Y por algún motivo que no recuerdo, porque gracias a la ya mencionada depresión tengo lagunas de memoria cada vez más frecuentes, un día compré cinco tuppers estilo “bento” y decidí que a partir de aquel día iba a empezar a hacerme comida cuqui para llevarme al trabajo.

Mi relación con la comida también es bastante mala. La he usado desde que tengo memoria como castigo… y a la vez como consuelo, lo cual así escrito suena bastante contradictorio. La ansiedad hace que tenga hambre constantemente, así que nunca sé qué cantidad de comida es la debida, y por supuestísimo que no me voy a poner a medir cantidades o contar calorías, más que nada porque también lo intenté y tampoco funcionó. Necesito controlar la comida que ingiero, necesito comer sano, y necesito que la forma de conseguirlo no se me haga muy cuesta arriba, porque la cantidad de fuerza de voluntad que debo usar diariamente para no asaltar la expendedora de chocolatinas se lleva casi toda mi energía y no me queda apenas para el resto del día. Cocinar para toda la semana durante el domingo quedó descartado, porque de lunes a viernes me paso el día trabajando, y me niego a sacrificar otro día entero de mi propio tiempo para algo también relacionado con el trabajo.

Pero como me gusta mucho cocinar, no tengo nada en contra de pasar media o una hora por las tardes en la cocina, relajándome mientras preparo tres o cuatro platitos pequeños y rápidos para el día siguiente.

La hora que paso por las tardes en la cocina preparándome la comida, y los veinte minutos por la mañana para preparar el tupper de forma que quede bonito a la vista, son terapia. Son una estupidez y una pérdida de tiempo, pero me hacen sentir bien cuando los miro, y le dan un poco de estructura a mi día a día a la vez que me permiten controlar un poco mejor mi relación con la comida. El tiempo que paso buscando recetas en youtube, planificando el menú semanal, o haciendo la compra pensando en cómo usar cada ingrediente, es tiempo que no paso sintiéndome tan mal. Y tengo que hacerlo igualmente, porque la comida hay que prepararla te guste o no, tengas tiempo o no. Es pesado y tengo que esforzarme igualmente para llevarlo al día, y por supuesto hay días que no lo consigo y como a base de kitkats. Pero con el tiempo voy llevándolo mejor, y voy recayendo cada vez menos.

Me hace pensar que igual las cosas pueden ir a mejor, si me sigo esforzando.

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